domingo, 18 de julio de 2010
Billetes de $100
...Yo cuando era chiquita y tonta, siempre pensaba muy estúpidamente que... Para que los pobres tengan más plata y no sean más pobres, la solución era muy simple: Que el banco haga muchos, muchos billetes, millones de billetes de $100 y que se los regalen a los que no tenían plata, en cambio a los ricos no se les de más plata porque ya tenían la suficiente... Entonces (yo pensaba felizmente), no habría más chicos descalzos en la calle, ni revolviendo basura, ni con la cara sucia de barro, ni teniendo frío los días de invierno, ni con los pies mojados los días de lluvia, y sus papás, iban a poder darles de comer, y tener un auto para llevarlos a la escuela, y plata para comprarles cuadernos y lápices. Entonces pensaba... "Cuando yo sea presidente, o cuando yo sea política, o cuando yo sea al menos `grande´, voy a hacer eso, voy a mandar a imprimir muchos billetes y los voy a ir a regalar a las villas así somos todos iguales"... Y me ponía contenta, y sonreía y le contaba a mi mamá mi super- idea. Y después a mi papá y a todos los que se me cruzaban por el camino...
Pero un día crecí. Y de repente la idea de ser política, presidenta, incluso "grande" me resulta asquerosa.
Un día crecí y me di cuenta lo hermoso que es ser niño y creer que todo tiene solución, soluciones tontas, como imprimir montones de billetes. Soluciones fáciles, como la de querer que seamos todos iguales. Un día crecí y me vi discriminando al que pasa al lado, cruzando de vereda para no pasar al lado de alguien con mal aspecto, diciendo NO, cuando un nenito me pide gaseosa, y pienso... Realmente es muy rídiculo que seamos todos iguales? Realmente es muy imposible, volver a ver el mundo como cuando tenía 9 años? Realmente es muy absurdo hacer muchos billetes de $100 para ver a todos con la posibilidad de vivir? Realmente... Somos tan distintos? Y creo... Que a pesar de haber crecido y a pesar de ir convirtiendome poco a poco en el monstruo "adulto" que siempre temí... IMPRIMIRÍA MILLONES DE BILLETES e iría puerta por puerta, dando ese papel tan insignificante, tan sucio, tan asqueroso, que pareciera que nos diferencia tanto... Un papel que sólo dice 100 pesos y que con sólo eso, marca quién es feliz, quién no, quién es aceptado, quién no, quién es digno, quién puede morir en la miseria... Ese papel de mierda, que nos hace ser enemigos. Ese papel de mierda que cambia el corazón de todos, que nos divide, que nos empuja a dejar de sentir...
Realmente... creo que no crecí tanto. Yo quiero imprimir muchos billetes de 100 pesos.
jueves, 15 de julio de 2010
Minujin para Warhol
“Cuando se murió New York quedó vacío. Por lo menos para mí se vació. New York era una fiesta con Andy Warhol. Apenas lo encontrabas, él ya sabía de todos los lugares adonde había que ir. Cada vez que me veía me decía: ‘La única, la única’, era una identificación total, como con Dalí. Gente que se reconoce como colega. Él era un par. Nunca más lo volví a sentir. Antes lo había sentido acá con Alberto Greco. Y antes, no sé, con Miguel Angel y Leonardo. Con Warhol los dos trabajábamos mucho en el mundo de las discotecas, de la frivolidad. Yo, cuando voy a un cóctel, estoy trabajando. Ésa es la idea: tomar toda la vida como trabajo y el trabajo como vida. Yo antes estaba mucho en la noche de Buenos Aires, ahora no tanto porque la noche cambió. Quizás él también hubiera dejado de salir porque New York cambió mucho. Antes ibas a las discotecas y era una maravilla, había gente viva en las vidrieras, encantadores de víboras, cosas que ves por la calle Florida, pero metidos en peceras. Warhol convirtió todo eso en oro y logró hacerse millonario en vida. Convirtió a la serie en original. Lo masivo, en único. Y las películas fabulosas que hizo, genial: la diversión de aburrir a la gente. Después salieron a decir que su obra no resistía la muerte del personaje. La verdad es que su muerte fue una pérdida brutal porque algo de su obra murió con él. Pero con el tiempo su obra renació. Mirá sus muestras ahora llenas de gente. Él se inventó a sí mismo. Como yo. La gente dice: ‘Marta Minujín es nada más que el personaje’. No, está toda la obra detrás. Todos somos artistas, el problema es darse cuenta. Ahora que me acuerdo, yo tenía una lata de sopa firmada por él pero alguien se la llevó.”
domingo, 11 de julio de 2010
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A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren, y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil. Seria eso, verdaderamente? toda nuestra vida seria una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?
Ernesto Sábato
sábado, 10 de julio de 2010
Días grises

El pueblo donde yo vivía por aquellos años, era muy extraño. Nunca llegué a entenderlo del todo, ni tampoco era mi intención hacerlo… Ni yo ni mi familia éramos muy aceptados en esos lugares y yo quería mudarme lo antes posible. Además era un lugar tan grande, que pasaban días enteros sin que vea a mis padres, porque al caminar por la ciudad me terminaba perdiendo. Y, ni hablar de los peligros a los que me enfrentaba a diario. Pasaba días enteros sin comer, noches enteras sin dormir, meses enteros sin tener noticias de mis hermanos y eso realmente no era una vida digna.
Cuando me encontraba con mis padres, les contaba mi situación. Me sentía solo, triste, hambriento y no encontraba un lugar a donde poder estar tranquilo. Siempre había muchachos que me molestaban, palos que caían en mi cabeza cuando grupos de jóvenes se enfrentaban en los callejones, y nunca podía dormir sin despertarme por el frío de la noche, o el rocío que caía sigilosamente sobre mi pelo. Realmente, lo que a mis padres les resultaba más extraño es que yo no pretendía ningún tipo de ayuda, sólo quería irme de ahí.
Es cierto que hice algunos amigos, pero muy pocos y muy extraños también. Eran amistades temporarias. Algunas duraban días, otras duraban horas y otras eran cuestión de minutos. Ese lugar definitivamente no me terminaba de convencer.
Un día, mi vida cambió por completo. Era marzo del año 1995 y yo caminaba muy tranquilo por una galería, cuando de repente sentí que algo dentro mío latía fuertemente. - Será el corazón del que tanto hablan?- me pregunté. Pero como de costumbre, no tenía a nadie a quien preguntarle semejante duda. Ella era hermosa, era perfecta, no le encontraba ni un defecto. Lo único que no me gustaba era que fuese más alta que yo, pero eso podría solucionarse. Intenté acercarme disimuladamente y cuando por fin logré que me viera, se tiró sobre mí y empezó a acariciarme. “¿Esto será amor a primera vista?” volví a preguntar, pero ella no me respondió. Estaba muy ocupada observando mi pelo y mis ojos.
Esa misma tarde, fuimos a pasear, nos conocimos, y nos llevamos bien, aunque en verdad no respondía a nada de lo que yo preguntaba, pero como es costumbre, tampoco me importaba demasiado. Con que me haya invitado a caminar con ella, me alcanzaba y me sobraba.
Días como ese, vivimos miles. Nos conocimos cada vez más y creo que comenzó a enamorarse de mí y yo de ella (digo creo porque nunca me respondió, si eso era estar enamorado realmente). Unos meses después, decidimos vivir juntos. Ella me preparaba la comida, la cama, organizaba nuestros paseos y hasta se encargaba de prepararme el baño cuando me deseaba asear. ¡Era la mujer perfecta! Los días con ella eran cada vez más entretenidos y especiales, pero en un momento que no supe bien distinguir, las cosas cambiaron. Nos veíamos poco en el día, cada uno estaba en sus cosas y ella tenía actitudes sospechosas. Hablaba mucho por teléfono encerrada en la pieza, recibía cartas y sonreía muy seguido. Había días que me pasaba por al lado y ni me miraba y otros que se olvidaba de cocinarme o al menos saludarme al despertar. Yo comencé a irritarme, pero, no pude decirle nada.
Sé que nada es color de rosa, o al menos lo escuché decir, pero tampoco imaginé que la vida podía ser tan cruel. Ella estaba saliendo con un hombre, lógicamente más alto que yo, era apuesto, tenía nariz pequeña, un hermoso pelo rubio y una sonrisa encantadora. Además pasaban horas y horas hablando, cosa que yo nunca pude hacer. Quizás por eso decidió reemplazarme. Y decidí fugarme y volver a las calles, a soportar nuevamente lo insoportable. La vida de un perro es bruscamente cruel.