viernes, 13 de agosto de 2010

ALERTA, esto lo escribió Dolina



Puede jugar a la escondida un número cualquiera de jugadores, (el mínimo es uno). Cabe señalar que en este caso el juego es especialmente aburrido: el único jugador se busca a sí mismo o, – lo que es aún más tedioso – busca a otros inexistentes jugadores hasta que se desalienta y abandona.
Con dos participantes se gana un poco de acción y puede decirse que el clima ideal se logra cuando intervienen más de seis y menos de veinte personas.
Asimismo cabe advertir que resulta sumamente imposible desarrollar el juego con más de ochenta jugadores. Los buscadores equivocan los nombres de quienes se ocultan y con toda frecuencia se ven obligados a llevar un registro escrito en el que constan las personas que ya han sido descubiertas y las que aún permanecen en lugares desconocidos. Por otra parte, es fácil razonar que cuando mayor es el número de jugadores, más trabajoso será hallar escondites vacantes.

La escondida puede practicarse tanto en lugares abiertos como cerrados. Siempre es preferible elegir horarios nocturnos, pues las tinieblas suelen mejorar la calidad de los escondites. Así, cuando se juegue en casas o departamentos, convendrá atenuar las luces . Aquí se hace indispensable una aclaración fundamental: es necesario que antes de comenzar el juego se fijen expresamente los límites geográficos de su extensión. Fuera de ellos estará prohibido esconderse. Algunos pasan por alto esta acotación y nos hallamos entonces ante un juego cuyo marco es el mundo entero. Es así como muchos jugadores se esconden en barrios alejados y aun en otras provincias, retrasando el desenlace de la competencia hasta el punto de arruinarla por completo.

Para mi entender, la escondida era un juego sin límites. La escondida perfecta debía ser jugada por toda la estirpe humana, su escenario era el universo y su duración la eternidad. Así, el propósito final de la Historia puede consistir en el nacimiento de un futuro apasionante. Pero bien, siempre existieron los límites (en la escondida, también).

La escondida no tiene ganadores ni perdedores. Por eso la finalización del juego debe fijarse en forma arbitraria. Muchas veces los jugadores abandonan la competencia sin avisar a nadie y muchos participantes tenaces permanecen ocultos durante horas, sin que nadie se moleste en buscarlos. Vale la pena mencionar un caso de un niño que conozco, que permaneció 40 meses escondido detrás de una coraza de cartón (si, tres años). Finalmente, cansado de que yo no lo buscara, regresó a mis dominios, a molestar, para variar.
Volviendo a lo que quiero relatar... La idea fundamental de la escondida es que todos los jugadores se oculten, con la excepción de uno, que será el encargado de encontrar al resto.
Para dar tiempo a la elección del escondite y a la correcta instalación de cada uno en el suyo, el buscador esconderá el rostro contra la pared, como si llorara, y permanecerá en esta posición durante algunos segundos. La medición de este lapso, la efectuará el propio buscador recitando la serie de número naturales en voz alta, hasta llegar a una cifra convenida con antelación (por ejemplo 50). Acto seguido, a modo de advertencia, deberá gritar algo, lo más usual es el ”Punto y coma, el que no se escondió se embroma”. El lugar donde el buscador realiza este ritual se conoce con el nombre de “Pica”. Inmediatamente comienza la parte más divertida. el buscador recorre el campo de juego y revisa los lugares en donde sospecha que hay alguien. Cuando descubre a algún jugador oculto sale corriendo en dirección a la Pica, la toca y grita “Pica a Fulano que está ahí abajo”.
A su turno, el jugador descubierto puede abandonar su refugio y correr hacia la Pica tratando de tocarla antes que el buscador. Si lo consigue, será el quien grite “Pica” y a los efectos del juego se reputará que no ha sido hallado.
Por otra parte, todos los jugadores pueden abandonar su escondite y llegarse hasta la Pica, aun cuando no hayan sido descubiertos. Pero si el buscador los sorprende en su excursión y se les adelanta en la carrera hacia la Pica, se les considerará encontrados.
El primero de los jugadores que pierda la carrera hacia la Pica recibirá – como castigo – la obligación de contar en la ronda siguiente. Sin embargo, hay un recurso extremo: el último de los jugadores que permanezca escondido puede aventajar al buscador y gritar “Pica salvatodos”. Cuando esto ocurre, el buscador deberá contar nuevamente.
Desde luego, como se imaginaran, el participante capaz de culminar exitosamente esta jugada recibirá la admiración y el respeto de todos sus compañeros.


Creo que existen buscadores conservadores y buscadores audaces. (Como en la vida misma).
Los primeros no se alejan jamás de la Pica. Tratan, por lo general, de esperar que alguien cometa un error o trate de cambiar de escondite. Esta raza conspira contra la calidad del juego. (como en la vida misma conspiran contra la sociedad, las personas que sólo esperan el error ajeno para poder avanzar por sí solas, pisando cabezas).
En cambio el buscador audaz abandona la Pica y marcha hacia los confines del campo. Se trepa a los árboles, ingresa a los armarios y rastrea minuciosamente los yuyales. Claro, siempre corre el riesgo de ser sorprendido por los jugadores que se han ocultado en la zona opuesta. Pero el juego se torna vivaz y lleno de matices. Abundan las carreras, los rodeos y las sorpresas. (No es mejor a veces correr el riesgo?)
Existen también los jugadores zorros, que amagan dirigirse a la derecha para tentar a quienes se esconden por la izquierda. (Como en la vida misma, claro está). En cierto momento, salen disparados hacia el otro sector y así es como sorprenden a muchos jugadores novatos que abandonan prematuramente su refugio.
Entre los que se esconden, también hay distintas clases de jugadores. Algunos prefieren los escondites sencillos pero de fácil salida. Otros los eligen complicados y de salida engorrosa: la copa de los árboles, el fondo del canasto de la ropa, etc. Hay también quienes van rotando su escondite y cambian de posición mientras observan los movimientos del buscador.
Los mejores son los exquisitos, que inventan guaridas que sólo ellos conocen y no las revelan jamás. Esta clase de jugadores es la más temida por los que cuentan.
Sin embargo, el escondite no debe ser nunca impenetrable. A decir verdad, el escondite perfecto termina el juego. (GAME OVER).
En 1959, en una escondida que se realizó en Villa del Parque, el abogado Gerardo Joseph se escondió de un modo tan eficaz, que nunca más fue visto en ninguna parte. Todavía hoy muchos de sus amigos recorren la barriada gritándole que salga. (Ojalá te pase...)
Infinidad de jugadores han pretendido pasarse de vivos parándose a un metro de la Pica con cara de disimulo. El resultado siempre es el mismo: el buscador mira extrañado y luego, casi con asombro, murmura: “Pica para Mengano, que está aca parado al lado mío como un pelotudo”.


Puede ocurrir que el buscador descubra a un jugador oculto, pero equivoca su identidad. esto es muy frecuente en los juegos nocturnos. ¡Cuántas veces se grita “Pica para Lucas”, después de haber visto a Julián! (Quizás falla el inconciente de la querida contadora que estaba pensando en su amado Lucas, lo cual es muy vergonzozo)...
Si la gestión prospera y se comprueba la equivocación, el buscador deberá contar nuevamente.
El mismo recurso podrá imponerse cuando se sospeche que el buscador espía o cuando se produce algún hecho exterior que dificulta la normal prosecución del juego. (Por ejemplo, hay una grave lesión de uno de los jugadores o la súbita llegada de un tío al que hay que saludar)

Y finalmente... La parte que más me gustaba a mí...
Muchos kamicases prefieren esconderse solos. Otros, en cambio, se complacen en compartir su refugio, particularmente con personas del sexo opuesto. Esta última variante constituye una excelente oportunidad para sellar romances y para tu primer beso.
Lo más apropiado es elegir un escondite alejado del resto de los jugadores (si es posible a muchísimos kilometros y no volver jamás). El lugar debe ser pequeño para lograr un proximidad alentadora, oscuro para invitar a la confidencia y hermético para evitar ser sorprendidos.

Realmente, la escondida es apasionante! La recuerdo con mucha nostalgia, hace mucho tiempo que no encuentro ocasión de mostrar mi destreza en tan apasionante disciplina. Si algún lector piadoso desea invitarme a jugar, acepto complacida. (Aunque me parece que ya es demasiado tarde...)

domingo, 18 de julio de 2010

Billetes de $100


...Yo cuando era chiquita y tonta, siempre pensaba muy estúpidamente que... Para que los pobres tengan más plata y no sean más pobres, la solución era muy simple: Que el banco haga muchos, muchos billetes, millones de billetes de $100 y que se los regalen a los que no tenían plata, en cambio a los ricos no se les de más plata porque ya tenían la suficiente... Entonces (yo pensaba felizmente), no habría más chicos descalzos en la calle, ni revolviendo basura, ni con la cara sucia de barro, ni teniendo frío los días de invierno, ni con los pies mojados los días de lluvia, y sus papás, iban a poder darles de comer, y tener un auto para llevarlos a la escuela, y plata para comprarles cuadernos y lápices. Entonces pensaba... "Cuando yo sea presidente, o cuando yo sea política, o cuando yo sea al menos `grande´, voy a hacer eso, voy a mandar a imprimir muchos billetes y los voy a ir a regalar a las villas así somos todos iguales"... Y me ponía contenta, y sonreía y le contaba a mi mamá mi super- idea. Y después a mi papá y a todos los que se me cruzaban por el camino...




Pero un día crecí. Y de repente la idea de ser política, presidenta, incluso "grande" me resulta asquerosa.

Un día crecí y me di cuenta lo hermoso que es ser niño y creer que todo tiene solución, soluciones tontas, como imprimir montones de billetes. Soluciones fáciles, como la de querer que seamos todos iguales. Un día crecí y me vi discriminando al que pasa al lado, cruzando de vereda para no pasar al lado de alguien con mal aspecto, diciendo NO, cuando un nenito me pide gaseosa, y pienso... Realmente es muy rídiculo que seamos todos iguales? Realmente es muy imposible, volver a ver el mundo como cuando tenía 9 años? Realmente es muy absurdo hacer muchos billetes de $100 para ver a todos con la posibilidad de vivir? Realmente... Somos tan distintos? Y creo... Que a pesar de haber crecido y a pesar de ir convirtiendome poco a poco en el monstruo "adulto" que siempre temí... IMPRIMIRÍA MILLONES DE BILLETES e iría puerta por puerta, dando ese papel tan insignificante, tan sucio, tan asqueroso, que pareciera que nos diferencia tanto... Un papel que sólo dice 100 pesos y que con sólo eso, marca quién es feliz, quién no, quién es aceptado, quién no, quién es digno, quién puede morir en la miseria... Ese papel de mierda, que nos hace ser enemigos. Ese papel de mierda que cambia el corazón de todos, que nos divide, que nos empuja a dejar de sentir...

Realmente... creo que no crecí tanto. Yo quiero imprimir muchos billetes de 100 pesos.

jueves, 15 de julio de 2010

Minujin para Warhol


Cuando se murió New York quedó vacío. Por lo menos para mí se vació. New York era una fiesta con Andy Warhol. Apenas lo encontrabas, él ya sabía de todos los lugares adonde había que ir. Cada vez que me veía me decía: ‘La única, la única’, era una identificación total, como con Dalí. Gente que se reconoce como colega. Él era un par. Nunca más lo volví a sentir. Antes lo había sentido acá con Alberto Greco. Y antes, no sé, con Miguel Angel y Leonardo. Con Warhol los dos trabajábamos mucho en el mundo de las discotecas, de la frivolidad. Yo, cuando voy a un cóctel, estoy trabajando. Ésa es la idea: tomar toda la vida como trabajo y el trabajo como vida. Yo antes estaba mucho en la noche de Buenos Aires, ahora no tanto porque la noche cambió. Quizás él también hubiera dejado de salir porque New York cambió mucho. Antes ibas a las discotecas y era una maravilla, había gente viva en las vidrieras, encantadores de víboras, cosas que ves por la calle Florida, pero metidos en peceras. Warhol convirtió todo eso en oro y logró hacerse millonario en vida. Convirtió a la serie en original. Lo masivo, en único. Y las películas fabulosas que hizo, genial: la diversión de aburrir a la gente. Después salieron a decir que su obra no resistía la muerte del personaje. La verdad es que su muerte fue una pérdida brutal porque algo de su obra murió con él. Pero con el tiempo su obra renació. Mirá sus muestras ahora llenas de gente. Él se inventó a sí mismo. Como yo. La gente dice: ‘Marta Minujín es nada más que el personaje’. No, está toda la obra detrás. Todos somos artistas, el problema es darse cuenta. Ahora que me acuerdo, yo tenía una lata de sopa firmada por él pero alguien se la llevó.”

domingo, 11 de julio de 2010


A veces creo que nada tiene sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren, y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil. Seria eso, verdaderamente? toda nuestra vida seria una serie de gritos anónimos en un desierto de astros indiferentes?

Ernesto Sábato

sábado, 10 de julio de 2010

Días grises



El pueblo donde yo vivía por aquellos años, era muy extraño. Nunca llegué a entenderlo del todo, ni tampoco era mi intención hacerlo… Ni yo ni mi familia éramos muy aceptados en esos lugares y yo quería mudarme lo antes posible. Además era un lugar tan grande, que pasaban días enteros sin que vea a mis padres, porque al caminar por la ciudad me terminaba perdiendo. Y, ni hablar de los peligros a los que me enfrentaba a diario. Pasaba días enteros sin comer, noches enteras sin dormir, meses enteros sin tener noticias de mis hermanos y eso realmente no era una vida digna.
Cuando me encontraba con mis padres, les contaba mi situación. Me sentía solo, triste, hambriento y no encontraba un lugar a donde poder estar tranquilo. Siempre había muchachos que me molestaban, palos que caían en mi cabeza cuando grupos de jóvenes se enfrentaban en los callejones, y nunca podía dormir sin despertarme por el frío de la noche, o el rocío que caía sigilosamente sobre mi pelo. Realmente, lo que a mis padres les resultaba más extraño es que yo no pretendía ningún tipo de ayuda, sólo quería irme de ahí.
Es cierto que hice algunos amigos, pero muy pocos y muy extraños también. Eran amistades temporarias. Algunas duraban días, otras duraban horas y otras eran cuestión de minutos. Ese lugar definitivamente no me terminaba de convencer.
Un día, mi vida cambió por completo. Era marzo del año 1995 y yo caminaba muy tranquilo por una galería, cuando de repente sentí que algo dentro mío latía fuertemente. - Será el corazón del que tanto hablan?- me pregunté. Pero como de costumbre, no tenía a nadie a quien preguntarle semejante duda. Ella era hermosa, era perfecta, no le encontraba ni un defecto. Lo único que no me gustaba era que fuese más alta que yo, pero eso podría solucionarse. Intenté acercarme disimuladamente y cuando por fin logré que me viera, se tiró sobre mí y empezó a acariciarme. “¿Esto será amor a primera vista?” volví a preguntar, pero ella no me respondió. Estaba muy ocupada observando mi pelo y mis ojos.
Esa misma tarde, fuimos a pasear, nos conocimos, y nos llevamos bien, aunque en verdad no respondía a nada de lo que yo preguntaba, pero como es costumbre, tampoco me importaba demasiado. Con que me haya invitado a caminar con ella, me alcanzaba y me sobraba.
Días como ese, vivimos miles. Nos conocimos cada vez más y creo que comenzó a enamorarse de mí y yo de ella (digo creo porque nunca me respondió, si eso era estar enamorado realmente). Unos meses después, decidimos vivir juntos. Ella me preparaba la comida, la cama, organizaba nuestros paseos y hasta se encargaba de prepararme el baño cuando me deseaba asear. ¡Era la mujer perfecta! Los días con ella eran cada vez más entretenidos y especiales, pero en un momento que no supe bien distinguir, las cosas cambiaron. Nos veíamos poco en el día, cada uno estaba en sus cosas y ella tenía actitudes sospechosas. Hablaba mucho por teléfono encerrada en la pieza, recibía cartas y sonreía muy seguido. Había días que me pasaba por al lado y ni me miraba y otros que se olvidaba de cocinarme o al menos saludarme al despertar. Yo comencé a irritarme, pero, no pude decirle nada.
Sé que nada es color de rosa, o al menos lo escuché decir, pero tampoco imaginé que la vida podía ser tan cruel. Ella estaba saliendo con un hombre, lógicamente más alto que yo, era apuesto, tenía nariz pequeña, un hermoso pelo rubio y una sonrisa encantadora. Además pasaban horas y horas hablando, cosa que yo nunca pude hacer. Quizás por eso decidió reemplazarme. Y decidí fugarme y volver a las calles, a soportar nuevamente lo insoportable. La vida de un perro es bruscamente cruel.