
Puede jugar a la escondida un número cualquiera de jugadores, (el mínimo es uno). Cabe señalar que en este caso el juego es especialmente aburrido: el único jugador se busca a sí mismo o, – lo que es aún más tedioso – busca a otros inexistentes jugadores hasta que se desalienta y abandona.
Con dos participantes se gana un poco de acción y puede decirse que el clima ideal se logra cuando intervienen más de seis y menos de veinte personas.
Asimismo cabe advertir que resulta sumamente imposible desarrollar el juego con más de ochenta jugadores. Los buscadores equivocan los nombres de quienes se ocultan y con toda frecuencia se ven obligados a llevar un registro escrito en el que constan las personas que ya han sido descubiertas y las que aún permanecen en lugares desconocidos. Por otra parte, es fácil razonar que cuando mayor es el número de jugadores, más trabajoso será hallar escondites vacantes.
La escondida puede practicarse tanto en lugares abiertos como cerrados. Siempre es preferible elegir horarios nocturnos, pues las tinieblas suelen mejorar la calidad de los escondites. Así, cuando se juegue en casas o departamentos, convendrá atenuar las luces . Aquí se hace indispensable una aclaración fundamental: es necesario que antes de comenzar el juego se fijen expresamente los límites geográficos de su extensión. Fuera de ellos estará prohibido esconderse. Algunos pasan por alto esta acotación y nos hallamos entonces ante un juego cuyo marco es el mundo entero. Es así como muchos jugadores se esconden en barrios alejados y aun en otras provincias, retrasando el desenlace de la competencia hasta el punto de arruinarla por completo.
Para mi entender, la escondida era un juego sin límites. La escondida perfecta debía ser jugada por toda la estirpe humana, su escenario era el universo y su duración la eternidad. Así, el propósito final de la Historia puede consistir en el nacimiento de un futuro apasionante. Pero bien, siempre existieron los límites (en la escondida, también).
La escondida no tiene ganadores ni perdedores. Por eso la finalización del juego debe fijarse en forma arbitraria. Muchas veces los jugadores abandonan la competencia sin avisar a nadie y muchos participantes tenaces permanecen ocultos durante horas, sin que nadie se moleste en buscarlos. Vale la pena mencionar un caso de un niño que conozco, que permaneció 40 meses escondido detrás de una coraza de cartón (si, tres años). Finalmente, cansado de que yo no lo buscara, regresó a mis dominios, a molestar, para variar.
Volviendo a lo que quiero relatar... La idea fundamental de la escondida es que todos los jugadores se oculten, con la excepción de uno, que será el encargado de encontrar al resto.
Para dar tiempo a la elección del escondite y a la correcta instalación de cada uno en el suyo, el buscador esconderá el rostro contra la pared, como si llorara, y permanecerá en esta posición durante algunos segundos. La medición de este lapso, la efectuará el propio buscador recitando la serie de número naturales en voz alta, hasta llegar a una cifra convenida con antelación (por ejemplo 50). Acto seguido, a modo de advertencia, deberá gritar algo, lo más usual es el ”Punto y coma, el que no se escondió se embroma”. El lugar donde el buscador realiza este ritual se conoce con el nombre de “Pica”. Inmediatamente comienza la parte más divertida. el buscador recorre el campo de juego y revisa los lugares en donde sospecha que hay alguien. Cuando descubre a algún jugador oculto sale corriendo en dirección a la Pica, la toca y grita “Pica a Fulano que está ahí abajo”.
A su turno, el jugador descubierto puede abandonar su refugio y correr hacia la Pica tratando de tocarla antes que el buscador. Si lo consigue, será el quien grite “Pica” y a los efectos del juego se reputará que no ha sido hallado.
Por otra parte, todos los jugadores pueden abandonar su escondite y llegarse hasta la Pica, aun cuando no hayan sido descubiertos. Pero si el buscador los sorprende en su excursión y se les adelanta en la carrera hacia la Pica, se les considerará encontrados.
El primero de los jugadores que pierda la carrera hacia la Pica recibirá – como castigo – la obligación de contar en la ronda siguiente. Sin embargo, hay un recurso extremo: el último de los jugadores que permanezca escondido puede aventajar al buscador y gritar “Pica salvatodos”. Cuando esto ocurre, el buscador deberá contar nuevamente.
Desde luego, como se imaginaran, el participante capaz de culminar exitosamente esta jugada recibirá la admiración y el respeto de todos sus compañeros.
Creo que existen buscadores conservadores y buscadores audaces. (Como en la vida misma).
Los primeros no se alejan jamás de la Pica. Tratan, por lo general, de esperar que alguien cometa un error o trate de cambiar de escondite. Esta raza conspira contra la calidad del juego. (como en la vida misma conspiran contra la sociedad, las personas que sólo esperan el error ajeno para poder avanzar por sí solas, pisando cabezas).
En cambio el buscador audaz abandona la Pica y marcha hacia los confines del campo. Se trepa a los árboles, ingresa a los armarios y rastrea minuciosamente los yuyales. Claro, siempre corre el riesgo de ser sorprendido por los jugadores que se han ocultado en la zona opuesta. Pero el juego se torna vivaz y lleno de matices. Abundan las carreras, los rodeos y las sorpresas. (No es mejor a veces correr el riesgo?)
Existen también los jugadores zorros, que amagan dirigirse a la derecha para tentar a quienes se esconden por la izquierda. (Como en la vida misma, claro está). En cierto momento, salen disparados hacia el otro sector y así es como sorprenden a muchos jugadores novatos que abandonan prematuramente su refugio.
Entre los que se esconden, también hay distintas clases de jugadores. Algunos prefieren los escondites sencillos pero de fácil salida. Otros los eligen complicados y de salida engorrosa: la copa de los árboles, el fondo del canasto de la ropa, etc. Hay también quienes van rotando su escondite y cambian de posición mientras observan los movimientos del buscador.
Los mejores son los exquisitos, que inventan guaridas que sólo ellos conocen y no las revelan jamás. Esta clase de jugadores es la más temida por los que cuentan.
Sin embargo, el escondite no debe ser nunca impenetrable. A decir verdad, el escondite perfecto termina el juego. (GAME OVER).
En 1959, en una escondida que se realizó en Villa del Parque, el abogado Gerardo Joseph se escondió de un modo tan eficaz, que nunca más fue visto en ninguna parte. Todavía hoy muchos de sus amigos recorren la barriada gritándole que salga. (Ojalá te pase...)
Infinidad de jugadores han pretendido pasarse de vivos parándose a un metro de la Pica con cara de disimulo. El resultado siempre es el mismo: el buscador mira extrañado y luego, casi con asombro, murmura: “Pica para Mengano, que está aca parado al lado mío como un pelotudo”.
Puede ocurrir que el buscador descubra a un jugador oculto, pero equivoca su identidad. esto es muy frecuente en los juegos nocturnos. ¡Cuántas veces se grita “Pica para Lucas”, después de haber visto a Julián! (Quizás falla el inconciente de la querida contadora que estaba pensando en su amado Lucas, lo cual es muy vergonzozo)...
Si la gestión prospera y se comprueba la equivocación, el buscador deberá contar nuevamente.
El mismo recurso podrá imponerse cuando se sospeche que el buscador espía o cuando se produce algún hecho exterior que dificulta la normal prosecución del juego. (Por ejemplo, hay una grave lesión de uno de los jugadores o la súbita llegada de un tío al que hay que saludar)
Y finalmente... La parte que más me gustaba a mí...
Muchos kamicases prefieren esconderse solos. Otros, en cambio, se complacen en compartir su refugio, particularmente con personas del sexo opuesto. Esta última variante constituye una excelente oportunidad para sellar romances y para tu primer beso.
Lo más apropiado es elegir un escondite alejado del resto de los jugadores (si es posible a muchísimos kilometros y no volver jamás). El lugar debe ser pequeño para lograr un proximidad alentadora, oscuro para invitar a la confidencia y hermético para evitar ser sorprendidos.
Realmente, la escondida es apasionante! La recuerdo con mucha nostalgia, hace mucho tiempo que no encuentro ocasión de mostrar mi destreza en tan apasionante disciplina. Si algún lector piadoso desea invitarme a jugar, acepto complacida. (Aunque me parece que ya es demasiado tarde...)
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