Como si la vida
nos tocara casualmente, al azar, como si no haríamos nada para merecerla.
Casualidades no creo, causalidades seguro.
Lo bueno está en sumergir la atención en
asuntos que resulten insignificantes para el resto, así se lograría esclarecer
el verdadero sentido de asuntos significantemente insignificantes. En las cosas
cotidianas y en el extremo utópico, desde cualquier escasa experiencia y hambre
de mundo, se puede contar infinidades de historias.
Desde mis ansias de libertad provienen mis
ganas de cambiar aunque sea algo mínimo en el terreno de la humanidad, tirando
algunas palabras para arriba. (Menudo deseo).
Plantar un árbol, tener un hijo y
escribir un libro. Supongo que ese es el orden establecido. Digamos que me
gusta empezar las cosas al revés. La riqueza de las cosas incompletas y
desorganizadas, rebuscadas pero simples a la vez. Espíritu rebelde y retorcido,
buscando romper ciertas reglas que sin darme cuenta, a veces reprimen mis
deseos, mis asuntos inmediatos y urgentes.
Creo que el curso de las cosas no se debe
alterar, hasta las situaciones más planeadas, aparecerán en el momento en que
deban hacerlo. O quizás no crea del todo en eso. No, mejor no.
Hoy lo que me late, es escribir ideas sueltas,
que si el mundo me deja, algún día serán leídas por alguien, y de lo contrario,
no habrán sido escritas para tal fin… Sólo en ese caso voy a entender que su
destino era otro.
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