sábado, 20 de septiembre de 2014

Memorias de Greta

Mi primera jefa se llamaba Greta.
La primera vez que la vi no sabía que iba a ser mi empleadora. Era 8 de diciembre.
Llegué a la galería, me senté en una escalinata que daba a la calle. Era muy temprano y ni los lentes de sol llegaban a cubrirme las ojeras que probablemente cargaba. Me prendí un cigarrillo. Escuché unas carcajadas muy pintorescas que venían desde adentro de la galería. Miré para atrás. Supuse que venían del local de los tatuadores que estaba detrás de mí haciendo sonar heavy metal en mis sensibles oídos matutinos.
Eran risas femeninas y chillonas. Seguí fumando.
Mi cuerpo estaba mitad dentro de la galería mitad patitas sobre la vereda. Me volví a asomar hacia adentro y las vi. Eran dos mujeres, de unos treinta años cada una. De ellas venían las carcajadas. Me miraban y seguían riéndose, no sé si de mi, no sé si de ellas, no sé de qué. Yo seguía pensando en lo feo que iba a ser despertarme tan temprano.
Por momentos me miraban demasiado. Yo las miraba también y pensaba… “Menos mal que deben ser de un local alejado, porque debe ser insoportable tener cerca minas así”.
Escuché que abrían unas puertas de algún local y las voces se perdían. “Mucho mejor”, volví a pensar.
Se hicieron las 8 de la mañana, mi cigarrillo se había terminado y yo tenía que golpear la puerta de mi primer trabajo, debía presentarme y decir que venía de parte de tal para trabajar vendiendo juguetes durante todo diciembre.
Me acomodé el pelo, metí un chicle en mi boca para apaciguar el mal aliento producto del tabaco mañanero y me dirigí a lo que yo suponía era la puerta del local. Me abrió una de las risueñas que escuché anteriormente.
-Hola, vos debés ser Agustina.
- Eh… Si, hola… Y vos sos… Una de las chicas que estaba en la galería recién.
- Si, pasa que a este local se entra por tres puertas distintas. Esta es la principal pero yo entré por la trasera.
- Ah… Eh bueno, si, yo casualmente me quedé mirandote… Porque, eh… Supuse que eras de acá.
Mentí. La miraba porque me resultaba insoportable que tenga tanto énfasis a las ocho de la mañana.
- Si, vi que me mirabas, yo te miraba porque estabas fumando tan temprano, siendo tan jóven y me llamó la atención.
¡ BINGO! Qué bien que arranqué mi primer día de mi primer trabajo.
- No, igual no fumo mucho.
Mentí otra vez.
- Mejor. Me llamo Greta, voy a ser tu jefa. Soy la encargada de esta sucursal. No vas a poder salir a fumar, pero tenés 40 minutos para el almuerzo, en ese rato podés aprovechar y hacer lo que quieras. Comer, fumar, ir al baño.
- Gracias. 40 minutos total es un montón.
(Algo adentro mío se río a carcajadas de lo que acababa de decir).
- Si, es bastante, además te damos 16 pesos para que te comprés la comida. Podés gastar 10 y te quedas con el vuelto, o gastar 20 y poner 4 de tu parte. Eso queda en vos.
- Si, total 16 pesos es un montón.
Volví a mentir.
Cuando entré a la juguetería estaba todo reluciente.
La compañera risueña de Greta, se llamaba Gabriela.

- Ella es otra de las encargadas pero este mes va a estar en reposo porque está embarazada de 8 meses. Así que vos charla conmigo cualquier cosita porque ella va a estar sentada en esa silla todo el día. Viene más que nada para cumplir, ¿Viste?

Cuando terminó de decir eso, señaló a una silla, la única que había en todo el local que ocupaba toda la esquina y media galería hacia adentro. Supuse que mi rol era estar parada todo el día. No me equivoqué.

Lo que tenía que hacer yo era bastante sencillo, básicamente vender juguetes caros a niños ricos en fechas navideñas. Pero quise saber…

-         ¿Cómo hago? ¿Arranco a atender?
-         No. Primero tenés que ver cada cartel con cada precio. Abrir todas las cajas de todos los muñecos, autitos, juegos de playa y de té, cajitas, bolsitas y canastitos. Fijate cómo funciona cada cosa. Si lleva pilas o no lleva pilas, si se prenden, si son con luces, si están atados con precintos a las cajas, si hacen sonido, y cómo están ubicados en las góndolas. Abrí lo que quieras, pero antes aprendete los precios. Yo me voy a comprar un café al bar.
-         ¡Greta! Perdón pero… Todo esto de abrir las cajas, lo hago durante el día de hoy o…?
-         Hacelo ahora, en 20 minutos. Después el próximo que entra, atendés. Me voy al bar.

Me di vuelta confundida y miré a Gabriela, ella estaba sentada en la silla con el celular. Me miró, sonrió y se acarició la panza. Me dio tanta ternura que pensé en voz alta.

-         No te dan ganas de llevarte toda la juguetería para tu bebé? – Le dije.
-         De hecho me llevé todo lo de nena que encontré – Me contesto riendo.

Supe que íbamos a llevarnos bien.


A Greta todavía no la entendía ni un poco.


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