A Greta le encantaba el rock. Su adolescencia fue de recitales, drogas y
alcohol. (Dicho en sus propios términos, eh!). Fue madre a los 18 años y el
padre de su hijo nunca apareció. A esas alturas su hijo mayor ya tenía 15 años
y ella apenas 33.
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Si hay algo que me da bronca es que a las nenas
siempre le compren jueguitos para cocinar, para lavar, tablas de planchar,
escobitas y salones de belleza repletos de accesorios para que sean más lindas.
– Me dijo Greta una tarde.
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Tenés toda la razón.
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A los nenes les compran armas, pistolas de agua, otras
lanza balines y algunas espadas guerreras. ¿No te parece terrible?
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Tenés toda la razón de nuevo. – Le dije con toda mi
admiración.
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Me gustaría que los nenes de chiquitos ya sepan que el
mundo puede funcionar de otra manera. Los varones pueden aprender a planchar y
a cocinar, y las nenas no hace falta que estén horas en el salón de belleza y
se compren esos tacos de plástico que les arruinan todos los piecitos para
verse más bonitas.
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Cuando yo era chica, me gustaba jugar con muñecos de
varón. – Le dije a modo de confesión.
Greta se rió y me dijo…
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Yo a tu edad estaba pariendo. Estaba muy asustada y
estaba muy sola. Tenés suerte de ser una piba inteligente y de tener a tus
viejos con vos.
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Vos también sos una mina inteligente y más valiente de
lo que yo hubiera sido en tus circunstancias.- Le dije nuevamente con una
honestidad desconocida.
A mi jefa heavy metal
llena de tachas y borcegos, se le llenaron los ojos de lágrimas y rápidamente
subió al baño. Nunca más tocamos el tema. Pero ese día entendí que Greta sabía
mucho de la vida, porque tuvo que aprenderlo todo de golpe.

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