Aclaro antes de empezar a explayarme, que las memorias de Greta me han llevado 17 posts en este humilde blog. Este es el pen-último de una seguidilla de recuerdos de mi primer experiencia laboral. Si a alguien le interesa esta afable historia, podría comenzar desde el principio. Este es... cómo decirlo...casi... el final.
Dos días después de haber finalizado mis tareas en la juguetería yo ya era una mujer nueva. Me podía pintar las uñas porque tenía tiempo, estaba un poco más presentable estéticamente, dormía con frecuencia y planeaba mis prontas vacaciones con amigas. Lo único que restaba era ir a buscar el glorioso dinero ganado por mis días hábiles laborales (que fueron más intensos que el azul ultramar).
Llegué a la jueguetería por última vez, acompañada de dos de mis mejores amigas, con las que viajaría tres días después a la costa argentina. Ellas me esperaron en la puerta, yo me saqué los lentes de sol y entré a mi recientemente ex trabajo. Creo que esta fue una de las cosas más extrañas que me han pasado en la vida. La vi a Carla en la puerta, caricúlica y lustrándose las uñas con los dedos. Me sonrió cuando me vió y me dio un beso. Facundo no estaba, quizás también había terminado su labor o quizás con el tema de mi ausencia se había dignado por primera vez a trabajar y estaría en el deposito o haciendo un traspaso. Gabi había tenido a su bebé, por lo tanto no estaba hacía días y Greta...
- Qué hacés Agus? Acá en este sobre te dejé la plata. Llevate tranqui o contalo, como quieras...- Su voz era de sargento, hablaba rápido y no me miraba a los ojos.
-Greta, te quería agradecer por todo. - Dije arrastrando la voz desde el subsuelo hasta planta alta.
-Tranquila negra, te lo ganaste.
-No pero yo no te hablo del sueldo. Te hablo de... De nada, los días acá. Realmente la pasé muy bien.
-No mientas pibita, estás pensando seriamente en no laburar nunca más después de ésto.
Quise asincerarme con ella, sonreí y sentencié.
- La verdad es que me duelen las piernas todavía.
Greta me miró de casualidad, casi como si no quisiera hacerlo y me dijo finalmente...
-Que tengas un buen viaje!
Yo le dí un beso, agradecí y me fui a la puerta. Cuando estaba por salir, su voz metálica de anís y plata me llamó por última vez en mi vida.
-Agus!
Me di vuelta esperando algo qué ni siquiera hoy en día sé qué era.
- Si Gre, decime.
- Si querés venirte para el día del niño a laburar acá, me chiflás.
Asentí con la cabeza y crucé el umbral.
Abracé a mis amigas con el dichoso sobre blanco en mi mano, flameándolo victoriosa y con una sonrisa de oreja a oreja. No sé si desde la ventana de la juguetería me vieron, pero al fin y al cabo, lo tenía merecido. Como dijo mi jefa, me lo había ganado.
Hicimos unos pasos y ya estaba oficialmente desligada de ese local para siempre. Miré para atrás mientras caminaba y no, no había caso, no iba a extrañarlo. Al lugar no, pero a Greta... hubiera querido que sea mi amiga, realmente hubiera disfrutado escuchar un rock con ella en algún bar, o caminar por el parque tomando una gaseosa, o contándole mis cosas cuando me sienta triste. Sí, realmente a Greta la iba a extrañar.
De cualquier forma, me fui.
¡Ya era libre!
Nunca más hice un traspaso de juguetes de una esquina de la ciudad a otra.
Nunca más tuve que mentir a alguien para sentarme en una silla.
Nunca más estuve parada 14 hs consecutivas.
Nunca más memoricé tantos precios en una semana.
Nunca más vendí un juego de mesa.
Nunca más me sequé la transpiración de la frente con un pañuelo de Barbie.
Nunca más vi tantos niños felices en un mismo lugar.
Nunca más escuché la voz de Greta.

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