Sé que estás despierto.
Ya pasó la hora acordada.
Nunca voy a saber si estuviste ahí.
Algunas veces pienso que sí, otras que no.
Como sea, yo no estuve.
Sé que estás despierto porque a las doce de la noche tendríamos que haber dado el gran salto. No lo di.
¿Lo habrás dado solo?
El puente de Brooklyng era el testigo. Ahí teníamos que estar el viernes 23 de octubre de 2015. Dos días después de que Mc Fly llegaba al futuro en un día de lluvia. La idea era congelar el pasado en el reloj minucioso de nuestras vidas y llegar al futuro sin intervalos, sin rencores. La idea era llegar a hoy, esperar a que llueva, encontrarnos en el puente como si no hubiera corrido agua por debajo de él.
Sé que estás despierto, sé que fuiste. Sé que me esperaste y pensaste que quizás, yo llegaría demorada como siempre. O pensaste que al no tener mi número, ni yo el tuyo, me encontraría en algún lugar cercano mirando entre la gente a ver si te reconocía. Sé que esperaste hasta esta hora mi llegada. Sé que quizás todavía estés ahí esperando la lluvia y mirando el celular, cansado del viaje, cansado del recorrido sin sentido que acabás de hacer, cansado de mi indecisión, de mi no decisión. Sé que estás mirando el reloj que te regalé, una y otra vez, esperando verme llegar entre los yankees apurados. Sé que tenés la camisa azul y seguramente llevás la mochila con varios libros adentro. Sé que estás pensando que no conseguí el dinero para viajar, que no obtuve la VISA, que me dio pánico el vuelo, que no tuve el valor.
La promesa era clara. Si pasados dos años de nuestra separación, no conseguíamos el olvido, ni el desamor, estaríamos ahí a las doce de la noche debajo del puente. Si lográbamos perdonarnos el uno al otro, si estábamos convencidos de que no habría jamás otro amor de nuestras vidas, iríamos a Estados Unidos, tomaríamos el tren, llegaríamos a Brooklyng a las doce de la noche, hora de USA y nos abrazaríamos como si no hubiera existido nada malo entre los dos.
Sé que era una idea preciosa. De hecho, la idea más maravillosa que se me ha ocurrido en la vida. Sé que el día en que te lo dije me juraste que estarías ahí, que estabas seguro de que era un error, pero que preferías esperar estos dos años para ver qué ocurría con el tiempo, qué curaba y qué no.
Sé que estás despierto mirando a los autos correr a mil, sé que no comiste nada desde que llegaste y que estás aturdido de la multitud. Sé que fuiste porque sos un hombre de palabra y porque esperabas con toda el alma que yo esté.
- Si todo sale mal, te espero en el puente de Brooklyng el 23 de octubre del 2015, a las doce de la noche.
-¿Qué es para vos que todo salga mal?
-Que no pueda volver a amar..
-¿Y si todo sale bien?
-No voy a ir al puente.
-¿Y qué hay conmigo?
-Si ese día estás ahí, a esa hora y yo también, significa que vamos a estar juntos hasta que el amor se descomponga. Significa que me perdonás, que te perdoné, que no importa, que no vamos a volver a tocar ningún tema que nos haya lastimado, que no nos vamos a volver a mentir, que nunca más vamos a desear estar solos.
-¿Y si ni voy?
-No nos vemos nunca más.
-¿Y si sí voy?
- El mundo va a ser nuestro.
Te tomaste el micro llorando, me quedé en la plataforma 13 llorando también.
Esa promesa era la única que me habían dado, la única que yo hubiera deseado cumplir.
Sé que estás despierto y te pido perdón. No te perdoné. No me perdonaste, pero igual fuiste porque siempre te encantaron las causas imposibles.
Sin embargo, estoy en mi casa tomando un mate cocido. Son las 3 y 27 de la mañana, hora de Argentina. No tengo ganas de hacer las cuentas de qué hora es allá. Jamás hubiera ido de todas formas. Es una pena que no te hayas dado cuenta apenas te lo propuse, que no me hayas conocido, que no me hayas visto. Que me hayas creído...
Si ahora estás ahí es porque nunca me conociste de veras. Nunca entendiste ni una pizca de mí. Realmente si me conocieras, jamás me hubieras esperado en ese lugar. Quien me conoce, sabe que jamás sellaría un pacto en el puente de Brooklyng.
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