Me detengo a escribir hoy quizás, porque creo que este mayo no termina nunca. Mire donde mire, estamos en mayo (con todo lo que eso puede significar). Cómo no entiendo de almanaques y solamente sé que vamos todos para el mismo lado, estoy sobresaltada por la extrañeza de este mes interminable. Mayo dura doce meses en mi ciudad. Arrancó un día uno de hace muchos días atrás, y todavía no terminó. Y en el medio... (¡Ay la parte del medio!) todas esas cosas que a veces no te dejan respirar y otras te alcanzan un tubo de oxígeno. Sí, todo eso en el medio de otro remolino de frío, viento, hojas de otoño y ojos de primavera.
Lo que pasa en el medio siempre es la mejor y la peor parte.
A veces creo que solamente nacimos para decir "hola" al principio y "chau" al final, y no para desenvolvernos en lo que nos ultraja en el medio. El fondo del asunto, el carozo de las historias, el medio de los meses, el conflicto de la película, el enredo de la novela, el jamón y el queso del sandwich, el epicentro del terremoto, todo eso... A dónde va todo eso que queda en el medio.
No estamos hechos de principios y finales, sino de los medios. De todo lo que acontece en esas mitades de tiempo y espacio. Si hay un antes y un después de nuestra vida, de nuestro nacer y morir... Es nuestra vida. Digamos que estamos hechos de lo que pasa entre que nacemos y morimos. Pero solamente sabemos decir hola y chau. Porque el asunto del medio es mucho lío para nosotros, simples mortales, que le echamos la culpa al principio y al final.
De la introducción al epílogo nos salteamos las páginas, y el fondo de la olla, solamente lo conoce la cuchara. Queremos llegar, no sabemos a dónde pero queremos saltearnos el quilombo y llegar al desenlace de algo que ni podemos ponerle nombre. (Porque es la muerte, amigos. Y a la muerte no hay que nombrarla ni bajo presión).
Y seguimos en mayo... Mayo está en el medio de todo ésto, es el eje del remolino. Mayo tiene la culpa de enero y de diciembre, del hola y del adiós, del nacer y de eso otro que no se nombra. Es mayo y nada más que mayo el ombligo del año, la mitad de 365, el 50 por ciento en la escala del 1 al 100.
Todos estamos hechos de lo que pasa en el medio, todos somos mayo. Pero no nos damos cuenta hasta que llegamos a la parte del chau, a la parte del 100, al final del capítulo, a los créditos de la película, al diciembre del año, al ocaso de todo... Y cuando eso ocurra estaremos realmente en el medio de la tierra, en el epicentro del terremoto, en la mitad de otra historia. (Por no decir muertos, ya que eso no lo puedo nombrar).
Siempre estaremos en el centro, en el medio, como mayo, como el miércoles, como la vida del mortal, pero solamente esperamos el hola y el chau, porque somos humanamente estúpidos para diseñar lo que pasa en el medio, para tomar conciencia que hoy es el único hola que hay, mañana ya es chau, ahora es mayo, ahora vivimos, cuando sea junio... Nadie sabe qué pasará.
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