"Pensemos en cosas lindas ahora", le dije...
"Pensemos en un libro sentado bajo la sombra de un árbol, leyendo seres humanos."
"Qué interesante"- Me respondió irónicamente. Sarcásticamente, como de costumbre.
Le mostré mi cuaderno donde escribo, donde dibujo, donde lloro.
"Acá tenés algo más interesante, quizás. Que veas mi cuaderno es casi como verme desnuda", le confesé.
"Ya te vi desnuda, varias veces". Me replicó.
Ahí entendí que todo lo que yo dijera era probablemente inútil, en vano.
Apagué la luz y me acosté al lado de el mientras casi amanecía. Me abrazó y se quedó dormido.
Yo me quedé inerte, mirándolo un rato largo, quizás un rato eterno.
Ojalá el tiempo hubiera podido detenerse en ese instante, para siempre.
Dormía profundamente, pero sin embargo me abrazaba con mucha fuerza. Con más fuerza que nunca antes.
(Como temiendo que me escapara...) Suspiré un deseo.
Sabía que cuando sea de día, el que se iba a escapar era él. Le besé el hombro que me rodeaba, y me dormí echada a su suerte.
Cuando me desperté seguía ahí en mi cama, latiendo. No había desaparecido.
Prendí el televisor para que haya ruido, no podía escuchar más mis pensamientos, me gritaban fuerte.
Abrió los ojos, me miró y le dije resignada. - ¿Ya te querés ir? - "No, todavía no". Suspiró.
Y se quedó siempre en mí.

No hay comentarios:
Publicar un comentario