viernes, 20 de marzo de 2015

Rincones de ciudad

No le gustaba mi olor a cigarrillo entonces sacó un perfume de coco. Me lo puso en las manos y después las acarició. Las corrí, me sonrojé y miré por la ventana. Las buscó de nuevo y las encontró. No se puede escapar fácilmente de lo inminente.
Es tirano el tiempo éste, en el que encontrarnos una vez al mes resulta muchísimo, pero a la vez nos queda siempre pequeño. Son retazos de horas, que ni sabemos coser.
El mes pasado creo que no lo vi y no lo extrañaba. Pero cuando está ahí al lado no quisiera irme jamás.
Es discreto cuando termina el ritual.  "Te llevo a tu casa." Me decís.  Las ganas de preguntarte "¿Por qué ya?" no las puedo evitar. Evadís la pregunta. Me mirás. "Quisiera tener una nariz tan linda como la tuya". Susurrás.  "No quiero que tengas mi nariz, quiero que te quedes conmigo", no digo.
Cuando se acerca el fin siempre pienso en lo mismo, cuándo será la próxima vez. No hay respuesta, nunca hay respuestas. (¡Gracias a Dios!)
Cómo puede ser que siempre tengamos tantas cosas que contar y ninguna por decir. Nos callamos todo mientras nos reímos de un travesti que nos saluda desde una esquina. No nos da risa eso, estamos nerviosos, queremos llorar.

- ¿Esa noche que te toqué bocina estabas con otro?

- Uy, mirá ese faro en el medio del río.

Y así sin más una y otra vez, te esquivo, me esquivas, nos reímos. Nos reímos para no llorar.

El Monumento a la Bandera de estandarte allá de fondo, él sabe, todos saben. Nosotros dos sabemos las veces que nos escapamos acá.
Faltaba a la escuela para irte a buscar a la escalinata, para que me abraces debajo de la estatua de un general y me digas que estoy despeinada. Caminábamos de la mano mientras me apretabas fuerte para hacerme doler y que yo te aparte (casi como hoy), y nos metíamos entre las canaletas de agua a besarnos el cuello.
Pasaron diez años. El mismo escenario. Las mismas ganas, pero otro pudor. Es que el pudor no sabe de edades.

-Acá vinimos un día de los enamorados.

- Sí, y te largaste a llorar.
- Es que me dijiste que no me amabas más.
-¿No es irónico? Era el día de los enamorados y estaba con vos. ¿De dónde saqué que no te amaba más?
- No sé. Voy a llorar de nuevo.
-¿Por qué?
-Porque me mentiste, sí me amabas.
-Sí, te amaba.
-¿Para qué lo habías dicho?
-Me dolías algunas veces.
-Ya sé.
- Mirá ese banco, ahí contamos las semillas para la huerta.

Y así... La ciudad nos pertenece, de algún modo. En cada rincón sucio tenía ganas de gritarte que ahí, justo ahí habíamos hecho tal cosa, habíamos tomado un helado o cruzado un puente. Nos habíamos detenido a pelear en el medio de la avenida mientras los autos pasaban. Ahí en ese túnel me habías dado tu buzo. En esa rivera del río habíamos desayunado medialunas duras, y en ese otro puesto había feo olor pero nos preparaban unos panchos riquísimos. Acá nos habíamos acostado a jugar al que ríe primero pierde, y en ese portal estábamos abrazados cuando se largó a llover y cayó granizo. Todo, todo era pintado para nosotros. Aunque no, aunque cualquier pareja podría decir lo mismo en cualquier ciudad.


El tiempo es tirano en todo sentido. Cuando llega la hora de la despedida, y cuando me doy cuenta que pasaron diez años pulverizados en rincones de una ciudad que ni sabe quienes somos. Esta vez no había un Jacarandá pero había un sauce llorón. Claro, todo quería llorar.


Cuando llegamos a mi casa, cordialmente saludamos sin reparar en el daño que no nos queríamos hacer. Le dolía algunas veces, dijo. Hasta la próxima, hasta el mes que viene, hasta el día del nunca jamás, hasta que juntemos fuerzas para gritarnos las puteadas que nos quedaron atragantadas y nos besemos para pedirnos perdón.


-Chau, que tengas buen viaje.

-Parecía el cielo...
-¿Qué cosa? - Dije casi a los gritos porque estabas a cinco metros.
-Parecía el cielo porque estabas conmigo.

Abrí la puerta rápido, el corazón me palpitaba un montón.

Entré y me puse a escribir esta carta abierta a nadie.
El tiempo es tirano.


No hay comentarios:

Publicar un comentario